Leyla entrecerró los ojos.
—Eres muy valiente, ¿lo sabías?
Solté una risa amarga.
—No me siento valiente.
—Pues lo eres —insistió—. Porque para abandonar a un hombre que amas, para dejarlo ir y fingir que no te importa… hace falta muchísimo valor. Aunque te lo digo de una vez: no estoy de acuerdo con tu decisión.
Bajé la mirada hacia mis manos.
Ni yo estaba de acuerdo con mi decisión.
Solo no encontraba otra salida.
—No sé cuál es la prisa de huir hasta Australia —continuó ella—. Lo haría si es