Amelia.
Me encuentro quieta en mi puesto, trato de no moverme y es que, aunque quisiera, no podría, solo veo a un Eduardo medio inconsciente en frente mío. Mi padre y hermana se disculpan por lo ocurrido y despiden a todos de la fiesta, así es, no hubo compromiso. Mi abuela lo único que sabe es preguntarle a mi novio si se encuentra bien.
—Deberías denunciarlo. — escucho a mi abuela decirle a Eduardo, el pobre tiene el rostro todo golpeado. — Es un salvaje, siempre lo ha sido. No importa cómo s