Elena e Inés hacían un excelente equipo organizando una boda contra reloj, en pocos días habían podido controlar la histérica situación de tener todo coordinado en tan poco tiempo, a diario tenían entrevistas con proveedores de flores, el menú, el festejo, la modista y mil cosas que aparecían por hacer todos los días si querían que ningún detalle quedara por fuera para el gran día.
Tras dos semanas de interminables carreras había llegado la hora de revisar por última vez la lista de invitados a