La luna colgaba baja en el cielo negro como la tinta, proyectando un brillo espeluznante sobre el territorio de la manada de Harold. Era una noche llena de oscuridad, y con ella llegó una intención siniestra que pareció impregnar el aire. El olor a tensión era palpable, una tormenta acechando en el horizonte, y en ningún lugar se sentía más intensamente que en el corazón de Manuel.
Como alfa de la manada de Harold, Manuel había sentido las corrientes subterráneas de malestar, los retumbos de un