Ella se tumbó junto al estanque, levantó la mano y acarició a Aurora, sonriéndole con ternura. —Niña, mamá voy a dormir un poco.
Aurora asintió y se inclinó sobre el césped para besar la mejilla de Clara.
Un par de mariposas volaban alrededor de ellas, creando una imagen hermosa.
Clara llevaba varios días agotada y finalmente se quedó dormida junto al estanque. Su larga melena se desplegaba, sin la máscara que la ocultaba, revelando una piel blanca y aún más hermosa que antes.
Aurora, obediente,