Diego, cuanto más deseaba que el tiempo no pasara rápido, más rápido parecía pasar.
En la tarde del sexto día, Diego abrazó a Clara sin poder conciliar el sueño.
Clara sabía lo que estaba pensando, pero no dijo una palabra.
La vida era un constante reencuentro, separación, caída y levantarse una y otra vez, un proceso de crecimiento continuo.
Nadie permanecería en un mismo lugar para siempre.
Al amanecer, después de preparar el desayuno para Diego, Lucas y Fernando, quienes no habían sido vistos