Clara detuvo sus movimientos y adoptó un tono ligeramente severo: —Tía, te estás entrometiendo demasiado. Puedes tomar un descanso afuera. Voy a hablar con papá en privado.
—Claro, señorita. —La enfermera salió suavemente y cerró la puerta detrás de ella.
Clara continuó su tarea habitual con paciencia, limpiando el cuerpo de Quirino, cortando su cabello y uñas.
Si no fuera por el monitor de ritmo cardíaco que mostraba signos estables, habría pensado que ya había dejado este mundo.
El clima estab