Darío acababa de llevarla a la orilla, envuelto en una gran toalla, sin siquiera cambiarse la ropa mojada, cuando Clara preguntó apresuradamente por la situación de Lunia.
Sus labios estaban morados por el frío y su rostro era pálido y desvalido.
—Señorita, hemos sido rescatados. Esa pequeña ha sido llevada al barco de guerra y está siendo examinada por el médico militar. Pero primero, debería cambiarse de ropa y evitar resfriarse.
—No, quiero verla ahora.
Clara se levantó de la cama apresuradam