La sangre estalló ante los ojos de Clara, recordándole el día en que Laura falleció.
Permaneció inmóvil en su lugar, sus pupilas se dilataron repentinamente.
Era como un sueño, por la mañana Mimi todavía estaba acurrucada en sus brazos, pero ahora yacía agonizante junto a sus pies, con sangre negra saliendo de su boca y nariz.
Clara se agachó mecánicamente, debía de ser un sueño.
—Mimi, no... no me asustes. —la voz de Clara tembló y cambió de tono. Extendió la mano para intentar sostener a Mimi,