Desde temprano, Clara despertó bajo la luz deslumbrante del sol.
Abrió lentamente los ojos, como una niña, con una mirada pura y cristalina.
Primero, hubo un momento de confusión, sus grandes ojos parpadeaban, mostrándose extremadamente adorables.
—¿Dormiste bien anoche?
Clara se encontró con la cara del hombre a su lado, que llevaba una leve sonrisa. En su mente resonó una frase: [No existe otro ser igual a él en todo el mundo.]
Había leído esta frase en la novela, y Clara sentía que Diego esta