Clara, cubierta con la manta, se sentía molesta por el sonido del trueno fuera de la ventana. Se tapó fuertemente los oídos, deseando quedarse dormida lo antes posible.
Cuanto más inquieta estaba, más difícil le resultaba conciliar el sueño, y sentía un escalofrío.
Una voz en su mente parecía estar advirtiéndole: —¡Escapa, escapa rápido!
¿Escapar? ¿A dónde debería ir? ¿Por qué debería escapar?
Ya había llamado a Zenón, y había mucha gente patrullando las 24 horas alrededor de la villa. Si hubier