Cuando escuchó las palabras "cadáver de mujer", las manos de Simón ya temblaban. Su rostro, que ya estaba pálido, ahora parecía ceniza.
—¿No te equivocaste?
—No, esos pendientes son grandes y hermosos. La ropa que llevaba puesta era de marca. Además, tenía un anillo de zafiro azul de colección en uno de sus dedos.
Al ver la expresión cada vez más sombría de Simón, Clara se apresuró a consolarlo, —Señor Suárez, es posible que las joyas de su hermana hayan caído en manos equivocadas. La situación