Quirino balanceaba el abanico, mirando hacia el cielo. —Entonces te pregunto, si no la dejara ir, ¿qué ganaría?
Clara guardó silencio, y Quirino añadió: —Lo único que obtendría sería resentimiento, violencia fría. No me insultaría, pero cada día, me odiaría. Odiaría la injusticia de este mundo. No habría luz en sus ojos, ni sonrisa en sus labios. Aunque tuviera su compañía, no tendría su corazón. Solo obtendría una familia aparentemente intacta pero que se desmorona, con cuidados delicados inclu