Diego llegó a la isla con su grupo, su mirada teñida de un rojo furioso. —¡Encuentren a Clari y detenganla de hacer el trasplante de riñón!
La isla no era muy grande, y su grupo estaba lleno de gente experimentada en batallas, lo que les permitió irrumpir rápidamente en el quirófano.
La puerta fue abierta de golpe y Clara ya tenía una herida en la cintura, aunque afortunadamente no era muy profunda.
Al ver el rojo intenso en su cuerpo, Diego explotó de ira: —¡Estás loca!
Fernando y su equipo ent