Clara nunca había logrado conciliar el sueño. En el primer destello de luz en medio de la noche, extendió la mano para tomar su teléfono móvil.
Era un mensaje de Simón, preguntando si estaba descansando.
Clara se levantó con cuidado de la cama, preocupada por no despertar al niño. Se dirigió al baño y llamó a Simón directamente.
—Hola. —en su oído resonaba la cálida y gentil voz de Simón—. ¿Aún no te has ido a descansar a estas horas?
—No, señor Suárez. ¿Has descubierto algo?
—Sí, hay dos cosas.