Estos últimos días, Manuel no volvió a buscar a nadie. Antes de partir, Fernando se sintió extraño. —¿El señor Blanco se ha rendido?
—No se rendirá hasta el final, sabe que no cederé. Debe estar buscando otras soluciones.
Mientras él no fuera a la isla, nadie sabría dónde estaba.
Clara debía estar a salvo.
Fernando le entregó un chaleco antibalas. —Por si acaso, jefe López, deberías ponértelo. Tu herida en el pecho todavía no ha sanado.
—Está bien.
Diego miró el cielo oscuro y nublado, sin el br