La realidad demostró que la condición física del campeón de la carrera de la escuela era insignificante frente a los soldados.
A menos de cincuenta metros de distancia, Clara fue sometida por alguien y la presionaron contra el suelo, con el rostro pegado a la ardiente arena.
—No le hagan daño —interrumpió Manuel apresuradamente—, ella es una invitada.
Clara fue levantada, con la mejilla derecha marcada por la arena. Escupió un poco y dijo: —Pah, ¿es así como tratan a los invitados?
Manuel sacó u