Yolanda lanzó dos patadas sin aliviar su frustración, maldiciendo en el oído de Camila, desahogando su descontento hacia Clara a través de Camila.
Poco a poco, el rostro de Camila se volvía más pálido y su frente se cubría de gotas de sudor. Ya no tenía fuerzas para defenderse y su cabeza se inclinaba lentamente.
Yolanda le dio un puntapié con la punta del pie y exclamó: —Eh, ¡no finjas estar muerta!...
En ese momento, la puerta se abrió, y Manuel, que se había cambiado de ropa rápidamente despu