Diego trazaba sus cejas y ojos con los dedos, esos pupilas negras como el azabache parecían abismos, dispuestos a absorberla por completo.
—Si te dijera que ahora quiero que vuelvas, ¿qué dirías?
Clara respondió sin vacilar: —Es tarde.
Con la espalda vuelta hacia Diego, señaló el paisaje bajo sus pies. —Me empujaste desde aquí en el pasado, llevándo conmigo todo mi amor, mi descontento, cayendo en pedazos.
Diego agarró fuertemente su cintura, al siguiente segundo, la presionó fuertemente contra