Diego permanecía de pie en la puerta, con las cejas fruncidas y un porte gallardo. No hace mucho, le habían hecho a Clara un examen médico completo; ella debería estar bien.
Pero la cantidad de sangre que Clara perdía evidentemente superaba la de una simple hemorragia nasal. Era alarmante y perturbadora.
Al ver la expresión preocupada de Diego, Camila también recobró la compostura y dijo: —No te preocupes, este niño siempre ha disfrutado haciéndose el enfermo desde pequeño.
Yolanda se unió a ell