A pesar de que Clara era tan dócil, siempre había una extraña ambigüedad en ella que desconcertaba a Diego y le hacía sentir incómodo.
La trajo de la isla de vuelta, y con su temperamento, debería haberla mantenido a su lado como prisionera.
Diego se contenía, le daba libertad y cumplía todos sus deseos, incluso cuidaba especialmente a esos dos muchachos.
Pensó que después de todo lo que hizo, Clara estaría feliz como antes, con estrellas de alegría en los ojos.
Pero la realidad era que sus ojos