Diego se detuvo en seco y bajó la mirada hacia ella sin decir una palabra. En el baño, aparte del sonido del agua corriendo, reinaba un silencio mortal.
La mano que sostenía la muñeca de Diego estaba caliente y húmeda, como el estado actual de tensión entre los dos.
Clara solo podía pronunciar palabras que iban en contra de sus verdaderos sentimientos: —No te vayas, por favor.
Diego tomó su mandíbula entre sus dedos, su voz fría y distante: —Después de todo lo que ha pasado, todavía estás suplic