Diego sonrió con resignación: —Cariño, llámame papá.
Los ojos de Solaris se llenaron de sorpresa: —¿De verdad puedo? Si mamá se entera...
—No te preocupes, hoy mamá me pidió que viniera a recogerte. Ella está esperándonos para cenar juntos.
Lunia tiró con cuidado de su manga: —Papá.
—Querida.
Los ojos de Diego se humedecieron al ver a estos niños que habían estado separados de él desde pequeños. Un sinfín de emociones afloraron en su interior.
Se agachó y tomó en sus brazos a Aurora, su hija más