Ezequiel parecía completamente diferente cuando estaba en Laqa. En aquel entonces, era despiadado y arrogante, siempre con el cuello de la camisa desabrochado, mordiendo un cigarrillo como un matón callejero.
Pero en ese momento, llevaba un traje negro, con una flor blanca en el pecho y el cabello cuidadosamente peinado.
Entre todos los hombres vestidos de negro, Ezequiel destacaba especialmente, haciendo que incluso el viento de la montaña a su alrededor se volviera más solemne.
Al ver sus ojos