Ella lo reprendió con una expresión seria en su rostro, aparentando seriedad, pero en realidad estaba tramando cómo acercarse aún más a Ezequiel.
Después de todo, en estos diez días no había tenido acceso a ninguna información clave, y si no actuaba con iniciativa, el tiempo se le escaparía.
—Bueno, si no confías en mí, puedes hacer que alguien me vigile.
—No hay motivos para desconfiar. Si quieres matarme, solo tienes que apuñalarme en un punto vital —dijo Ezequiel con indiferencia—. Así que as