Ezequiel chasqueó los dedos frente a ella. —¿En qué estás pensando que te quedas tan ensimismada?
Clara volvió en sí y miró a Ezequiel, buscando una excusa. —Pensaba en lo noble que es tu posición.
—¿Ya lo sabes?
—Escuché a esa persona llamarte líder, tener acceso ilimitado a la Ciudad de Mauch y tu propio avión privado. Hace tiempo que sospechaba qué lugar era este palacio. —Clara admitió abiertamente. Si todavía fingió no saberlo, era sospechosamente estúpida.
Ezequiel vio que ella mantenía la