Pera desabrochó los botones y vio las marcas dejadas por aquella mujer en su cuerpo, el dolor en su corazón era inimaginable.
—Perita, estoy sucio, ¿puedes lavarme, por favor?
Joaquín abrazó a la mujer con ternura.
No fue hasta que la ventisca afuera se calmó un poco que a regañadientes se levantó, dejando a la mujer dormir un poco más.
Sin embargo, Pera insistió en levantarse para prepararle la ropa.
A diferencia de lo que sucedió con Mónica, Joaquín no dejó ninguna marca en su cuerpo, pero Per