Clara nunca imaginó que después de tanto tiempo oculta, sería expuesta en este momento. Eduardo se acercaba a ella paso a paso.
—Señorito Enríquez, puedo explicarlo.
—¡Pum! —Eduardo golpeó el tocador con el puño, haciendo que el cuerpo de Clara temblara.
—Así que nunca perdiste la memoria, ¿verdad? —casi le salió esta frase de entre los dientes a Eduardo.
Clara sabía que en esta situación no tenía sentido negarlo. Asintió con la cabeza y dijo: —Es cierto.
—¿La niña que vio Mónica es hija de Dieg