Diego respondió sin rodeos: —Lo siento, no puedo cumplir con esa solicitud. Mi vida tampoco me pertenece a mí. Hernán, sé que me odias y me culpas, pero ya no hay vuelta atrás. Rafael no puede volver a la vida.
—Entonces, ¿por qué sigues fingiendo ser un buen tipo? Si quieres matarme, hazlo; si quieres torturarme, hazlo. No tengo escapatoria de todos modos.
Diego negó con la cabeza: —Tú eres su hermano, no te haré daño.
Hernán se rió con desprecio: —Hipócrita.
—Hernán, somos primos, nacidos para