Recostada en una cama de dos metros, debajo de ella había un colchón suave.
No sabía si era emoción o excitación, pero Clara no sentía ni una pizca de sueño.
Después de pasar estos días comiendo y durmiendo junto a Diego, ya se había acostumbrado al cálido abrazo de ese hombre.
Se revolcó en la cama durante una hora, sin sentir sueño en absoluto, incluso su mente se volvió más clara.
Clara se puso una chaqueta, agarró las llaves y bajó al garaje, donde un elegante coche deportivo negro esperaba