Diego se agachó en el suelo y comenzó a ensamblar los trozos de bambú que había cortado.
Durante el tiempo de asado, había recolectado algo de corteza y lianas, las cuales procesó para convertirlas en cuerdas.
Aún no se había puesto la camisa, y al agacharse, dejó al descubierto las cicatrices en su espalda, lo cual lo hacía lucir muy masculino.
Diego inclinó la cabeza y comenzó a trabajar mientras explicaba: —Temo que el suelo pueda tener insectos y no esté limpio, así que corté algunos trozos