85. Nuestra Celebración
El tiempo parece haberse detenido en su mirada, con la sensación de sus brazos rodeándome, y con el gesto tan dulce y sincero que es tener su frente apoyada en la mía. La inexistente distancia entre los dos, me permite apreciar la manera que sus lágrimas de felicidad ruedan por sus mejillas haciéndome sonreír —Esta es la única oportunidad en que te quiero ver llorar, ¿me has entendido? — Le amenazo mientras llevo mis dedos pulgares a cada una de sus mejillas y quito sus lágrimas delicadamente p