55. Promesas y Contratos
Hemos llegado a casa de mis padres en silencio. Atravesamos el salón como dos ladrones, subimos la escalera como si tuviese alarma contra robo, y así entramos a mi cuarto; de manera cómplice y riéndonos de nosotros mismos.
Cierro la puerta, y él me sujeta por la cintura atrayendo mi cuerpo al suyo –Mi suegra dejaría de quererme si ve que su hija ha llegado con su cabello mojado y todo su vestido lleno de arena. Se daría cuenta de lo que hemos hecho. — Me dice bajito y muerde mi lóbulo.
—Lamento