Tatiana estuvo quieta por bastante tiempo, cuando el general salió de la habitación eran aproximadamente las cinco de la tarde y ahora el sol se había escondido hacía bastante rato, las sombras cubrían todo lo que se podía ver por la ventana, pero Tatiana no veía nada.
Era un dolor sordo que se le anidaba en el pecho, recordaba el dolor que le había causado la bala, así como el dolor que le había quedado al despertar de la anestesia en una ocasión, pero ninguno de esos dolores se comparaban con