Velkan corrió todo lo que pudo hasta que llegó al comienzo de la ciudad en sí, puesto que estaba un poco retirado de la estación. Allí había una gasolinera, se dirigió rápidamente a los lavabos que se veían a un costado de la estación.
El de hombres estaba cerrado, pero no perdió mucho tiempo, sacó una navaja de su bolsillo y forzó la débil cerradura, entró con cuidado aunque hubiera podido hacer todo el ruido que quisiera, ya era pasada la medianoche y nadie andaba ni siquiera cerca de allí. E