─Cuando le dispararon a ella ─al oír esas palabras a Velkan se le empalideció el rostro pero se mantuvo tranquilo─ su cuerpo cayó, según el testimonio de algunos soldados, varios metros por la empinada ladera oeste de la montaña, por lo que el coronel Karaeva ─un nuevo envaramiento de Velkan al oír ese nombre, pero fue lo único que manifestó─ ordenó que dejaran el cadáver allí para los lobos y emprendieron de inmediato el regreso a la base más cercana.
─Sin embargo ─continuó─ Apenas llegaron el