20. Un Verdadero Infierno
Perdí su rastro en la multitud, así que decidí regresar por donde vine, con la esperanza de encontrarla. Sabía que estaba cansada y no podría ir muy lejos. Caminaba observando cada lugar con detenimiento, murmurando para mis adentros: "Rubí, nada es fácil contigo, mujer testaruda". Lo decía con frustración mientras avanzaba a empujones entre la gente.
Llegué a una esquina y me detuve, volviendo a mirar hacia atrás. "¿Dónde se habrá metido?", me pregunté mientras enfocaba la vista hacia adelante