Tomás no sabía qué estaba planeando Felipe, pero al ver que ya había pasado un tiempo desde que salió del trabajo y aún no iba a comer, no pudo evitar preguntar:
—Señor, ¿no tiene hambre?
Felipe frunció el ceño sin decir una palabra. Tomás preguntó de nuevo:
—¿Quieres que te traiga la comida aquí?
Felipe volvió a fruncir el ceño y, sin poder contenerse, preguntó:
—¿Y Clara?
Tomás se quedó atónito por un momento y dijo:
—Yo, yo no lo sé.
Felipe no estaba contento:
—¡Haz que venga aquí!