En este momento, Felipe guardó su teléfono y soltó un suspiro silencioso.
Estaba ansioso por ver a Ania lo antes posible, y escuchar que ella podría venir a Corrali en estos días lo tranquilizó.
En su subconsciente, ver a Ania significaba una posible cura para su insomnio.
Tomás seguía de pie a un lado, y al ver que Felipe colgó el teléfono, preguntó rápidamente:
— Señor, ¿cuándo vendrá la Doctora Jiménez? ¿Podemos tomar otro tipo de medicamentos mientras tanto?
Felipe dijo:
— No es nece