Clara experimentaba por primera vez algo así, y Felipe, sin darle oportunidad para resistir, la envolvía rápidamente en una neblina de confusión, dejando su mente en blanco.
La respiración de ambos se entrelazaba en el aire, mientras la atmósfera en la habitación se volvía cada vez más ambigua bajo la luz de los pétalos de rosas.
Hasta que el sonido repentino del timbre del teléfono móvil irrumpió de manera abrupta... continuó sonando...
Ambos se detuvieron.
A pesar de fruncir el ceño, Felip