La envidia de las jóvenes adineradas era evidente. Se agruparon alrededor de Natalia y le preguntaron:
—Natalia, ¿qué está pasando? ¿No se suponía que don Felipe no le gustaba a Clara?
—Sí, ¡yo veo que don Felipe realmente la aprecia! ¡La mima mucho!
Natalia apretó el puño con furia y sus ojos reflejaron una mirada vengativa. Había subestimado completamente a Clara. Pensó que todas las compras que había hecho hoy eran para ella misma, pero en realidad eran regalos para las personas cercanas a