“¡Ahh!”.
Ella gritó de miedo.
Sin embargo, cuando levantó la cabeza y se dio cuenta de que la persona que la había agarrado del hombro no era otro que Zachary, una sonrisa floreció instantáneamente en la comisura de sus labios cuando dijo: “Ejem, me gusta mucho este disfraz. Gracias por tu comprensión y permitirme tenerlo”.
Zachary entrecerró los ojos. Su mirada era profunda, llena de una miríada de emociones, y había una luz extraña brillando en sus ojos.
“Ya que te gusta tanto, ¿por qué no