La noche pintaba de maravilla. Todo marchaba a pedir de boca, hasta que Rachel cayó de bruces contra mi pecho y comenzó a roncar. Su mano quedó atrapada entre nuestros cuerpos, todavía aferrada a mi polla como si no quisiera dejarla escapar.
―Esta noche ha ido de mal en peor ―espeto con disgusto―. Creí que la situación estaba salvada, pero una vez término dándome contra la pared justo cuando mi polla estaba más que lista para entrar en la jugada. ¡Maldición!
«Estás perdiendo tus habilidades, L