Ingresamos, mamá, papá y yo a la habitación. Catalina seguía con sus hijos a sus costados, Dylan sonreía por algo, al mirarnos vio el rostro de mi padre. En ese momento lo que se estaba conteniendo por dentro lo soltó, apoyó sus manos sobre sus rodillas, quedó inclinado, como agradeciéndole a Dios, y llorando al mismo tiempo que reía, se limpió las lágrimas, nos miró con un rostro más tranquilo.
—¿Quién de los dos?
—Rayan, y tiene más compatibilidad que la sangre de José Luis. —Se fue a abrazar