Lo cierto era que la pobre Lorena y Cristina, quienes se habían besado con él y se enojaron entre ellas. Suspiraban por un hombre que sin duda ya era un mujeriego empedernido. En fin, después de todo la estaba pasando muy bien, no había dejado de sonreír todo el tiempo.
Mi papá y mi abuelo por momentos se quedaban mirándome. Cuando terminamos de bailar fui por algo de tomar, estaba derretía por el calor, la fiesta fue en la casa, además la terraza era inmensa. Al regresar vi a los tres hombres