Narra: Amelia
El siseo de las puertas del ascensor privado al cerrarse tras la silueta masiva de Alexander se sintió como el vacío que deja una detonación controlada. Un vacío sordo, pesado, que hizo que las inmensas paredes blancas de One Hyde Park parecieran encogerse de golpe sobre mí.
Me quedé inmóvil junto al ventanal de cristal, sintiendo el frío de la noche londinense filtrarse a través del vidrio contra mi espalda, mientras el interior de mi cuerpo profesional seguía siendo un maldito in