**FREDERY**
El avión atraviesa las nubes mientras Nueva York desaparece por la ventanilla y, para mi sorpresa, apenas unas horas después ya la extraño.
Apoyo la cabeza en el respaldo y cierro los ojos.
De inmediato vuelve a mi memoria aquel beso. La forma en que Amaya levantó la vista cuando le pedí que me mirara, el rubor que cubrió sus mejillas cuando le di las gracias y esa sonrisa tímida con la que nos despedimos.
No puedo evitar sonreír.
Hace apenas unos meses habría jurado que compartir m