**AMAYA**
El despertador suena a las seis en punto, pero permanezco unos segundos mirando el techo antes de reunir fuerzas para levantarme.
Desde que Fredery viajó a Los Ángeles, la mansión se siente demasiado silenciosa.
Al salir de mi habitación, mis pasos me llevan casi por inercia hasta la puerta de la suya. Dudo un instante, la empujo con suavidad y entro despacio.
Todo sigue exactamente igual que el día en que se marchó: la cama perfectamente tendida, el reloj sobre la mesa de noche y la