Después de un incómodo interrogatorio, Marcos pidió que por favor dejaran de agobiarme, cuando fue por culpa suya que estamos en esta situación.
Después de unas horas de pasear y conocer el lugar llegaron los niños, tenían clases extracurriculares que no pudieron cancelar, ambos me parecieron unos niños educados y con mucha energía.
Carlos es el mayor, tiene ocho años y Carolina tiene seis, son tan parecidos que podrían pasar por mellizos.
Almorzamos al aire libre y luego fuimos a descansar un