El la apretó contra si para que sintiera la fuerza de su erección y Allyson quiso que la tomara allí mismo sobre el arco de piedra. Devolviéndole el beso con fiereza lo mismo que él, le paso los brazos por el cuello y metió sus dedos en sus cabellos negros. De pronto las luces del jardín y de la casa se encendieron, dejándolos sin el amparo de la noche.
Se separaron bruscamente sin dejar de mirarse a los ojos. Ella apoyándose contra el arco temiendo que si no lo hacía caería al suelo. Ambos con